Jesus.Rubio | 9:33

Un puño de poemas y textos de corazon

El dulce susurro
tan alejado de mi oi'do, tengo tu manita tapada con mi alma. ¡¿Como
te encuentras mi vida?!, la niña de mis ojos tristes, mi piel ha de
arder setenta y siete veces más, con cada llama bailando contigo un
hermoso y eterno vals. Pequeño universo, duele demasiado mi rostro
entre sollozo y sollozo. Reina, te canto en la noche hasta que el
sueño tapa mis labios y todo se vuelve silencio. Miro al cielo en la
madrugada aún oscura, y Dios me sonríe con lluvia fría y
tranquilizadora, hablamos tan profundamente...Crece hermoso ángel,
lava las heridas de tu cuerpo perfecto, levanta alto tu rostro, abruma
a todo el que te mire, y haz que el mundo sea puro gracias a ti.
Son lentos y débiles los momentos que las notas de nuestro piano
consiguen abrazarse para llegarte al corazón, pero no detengo el
ritmo para amarte con cada una de ellas hasta consumirme.
Ahora su espíritu nos quiere bendecir, que todo error muera en el
pasado y no tengamos dolor, dolor..Siempre deseaba arrancártelo,
guardarlo por ti, ahogarlo en mi sangre, y que me gritara tan fuerte
porque yo era su creador...

Muchas veces pensamos
que escapándonos a otro lugar, lejano al cual permanecemos, seremos
felices por fin. Pero lo que no pensamos es que realmente, de lo que
intentamos escapar, es de nosotros mismos.
¿Tienes problemas y estás sufriendo?
No eres lo demasiado fuerte.
Sé más fuerte.
Supérate a ti mismo.
En el juego de cada uno, tú inventas tus propias reglas.
Ceñirte a lo mínimo o a lo máximo.
Exigirte más o menos.
Son tus reglas, tú mismo las pones.
Y en la mayoría de los casos, inconscientemente y ese, en muchos
casos, es el problema.
Porque a no ser que te eduquen diciéndote que tienes que mantener la
cabeza siempre firme, mirarás hacia abajo.
Y ahí es donde, al no poder ver lo que tienes ante tus propios ojos,
empiezas a sumergirte en tu propia imaginación por no ver la
realidad, que está más cerca de lo que crees.
Y cada vez empiezas a sentirte más cómodo en tu imaginación.
Y cada vez que intentas mirar al frente, vuelves a hacerlo hacia
abajo.
Porque te duele.
Porque es demasiado duro.
Porque la imaginación te ha hecho débil.
Y nos inventamos la escusa de que queremos irnos a otro lugar, porque
en el que estamos, lo pasamos mal.
Y nos convencemos a nosotros mismos de que al lugar al que queremos ir
será mejor que en el que estamos.
Pero no es así.
Tan solo queremos escapar de nosotros.
De nuestras debilidades.
De la realidad. 

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