Jesus.Rubio | 10:21

Historias de perros fieles #2

Historias de perros fieles #2

En un pueblito italiano a finales de la década de 1930 había un
joven de nombre Luigi quien adoptó y crió un perrito mestizo
bautizado "Fido". Cada mañana Fido acompañaba a su amo a la
estación de ferrocarril situada a unos 2 Km. del hogar.
El joven trabajaba en carpintería en una pequeña ciudad de la zona y
para desplazase tenía que tomar el tren todas las mañanas,
regresando a su pueblito a las 5.30 todas las tardes. Allí estaba
Fido esperando a Luigi .día tras día.
Después de expresar con brincos y ladridos la alegría del encuentro
con su amo, Fido daba unas carreritas y saltaba en el monte todo
contento, hasta llegar a casa. Esa rutina diaria fue interrumpida
bruscamente cuando Luigi fue reclutado en el ejército y enviado al
frente ruso en 1943. La interrupción fue para Luigi pero no para Fido
quien ya no iba en las mañanas pero si se presentaba puntualmente
todas las tardes en la estación del tren .esperando el regreso de su
querido amo.
Fido oia de lejos apenas perceptible, el ruido de la locomotora. Todo
tenso y esperanzado vela al tren pararse en la estación. Entonces
iba de vagón en vagón, moviendo su colita y husmeando las
escaleritas y los pasajeros que bajaban para identificar alguna huella
de su amo. El tren se marchaba y la gente también. Después de
esperar un ratito mas. Fido, triste y abatido con la cabeza baja y la
cola entre las piernas .regresaba solitario a su casa donde los padres
de Luigi aún albergaban una chispa de esperanza de volver a ver vivo
a su hijo amado... Luigi nunca volvió. Fue una victima mas de la
Segunda Guerra Mundial que mató decenas de miles de seres, algunos
pecadores y criminales pero la gran mayoría, inocentes.
Los meses y años pasaban. A principios de los 50. Fido tenía
dificultades para desplazarse; no pudo escapar a los achaques de la
vejez; tenía artritis. Sin embargo. Fido no perdía esperanzas. A
pesar de los dolores para movilizarse y las fuerzas que mermaban cada
vez mas. él seguía con su rutina convencido del regreso de su amo.
El trecho de camino que hacia antes con ligereza en 15 minutos,
tardaba ahora 2 horas, llegando a casa completamente agotado. Fué una
tarde de invierno con fuerte viento y nevada. Fido dio sus últimos
pasos sobre el blanco camino, se tambaleó y su noble corazón dejo de
latir...
Al día siguiente encontraron su pobre cuerpecito congelado y cubierto
de nieve. Todo el pueblo conocía a Fido, todos lo lloraron, todos lo
vieron hacer sus caminatas infructuosas y sabían lo que Fido buscaba
desesperadamente. No fue difícil convencer a esa gente modesta y
buena, de colaborar con la erección de una estatua dedicada a la
memoria de Fido, situada hoy en día al lado de la misma estación de
ferrocarril que Fido visitaba a diario, día tras día por el resto de
su vida. El epitafio: "Un ejemplo para todos los humanos de lo que
es la máxima expresión del AMOR Y FIDELIDAD".

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